Terraminium

Cuando las incidencias pasaron del caos manual a un flujo automático que nunca se detiene

En Terraminium, cada mañana comenzaba igual: el teléfono sonando sin descanso, las líneas ocupadas, y un equipo que intentaba avanzar en su trabajo mientras atendía hasta ochenta llamadas diarias de vecinos. Cada incidencia interrumpía lo que estaban haciendo. Cada llamada era un paréntesis que rompía el ritmo. Cada jornada se sentía como un bucle: atender, parar, volver a empezar.

La presión no venía solo por la cantidad, sino por el desorden. Si varios vecinos llamaban a la vez, alguno quedaba en espera demasiado tiempo. Y cuando por fin podían atenderlo, el proceso continuaba manual: escuchar, anotar, introducir en el sistema… y rezar para no cometer errores en medio del cansancio. El teléfono marcaba el tempo del día. Era él quien decidía cuándo se podía trabajar y cuándo no.

Cuando caía la noche, la situación no mejoraba. El call center externo recogía las llamadas, pero sin conocer a los vecinos, sin acceso al sistema y sin el contexto necesario. Las incidencias quedaban registradas como podían. El día siguiente empezaba con dudas, con información incompleta y con un equipo que volvía a correr detrás del caos.

La claridad llegó al hacerse una pregunta sencilla:

¿Y si las incidencias pudieran registrarse solas, sin interrumpir a nadie?

A partir de esa visión se diseñó un agente de voz de inteligencia artificial que trabaja 24/7. Un miembro más del equipo, pero uno que nunca descansa. Ahora es él quien atiende cada llamada, recoge la información con precisión y la introduce directamente en el sistema, de forma automática. Sin esperas. Sin interrupciones. Sin depender de la disponibilidad humana.

De un día para otro, el teléfono dejó de ser una fuente de estrés y se convirtió en un flujo ordenado. El equipo pudo recuperar su foco. Volver a concentrarse. Trabajar sin sobresaltos. Las incidencias dejaron de acumularse y, por primera vez, todo quedó registrado con claridad y sin margen de error.

La liberación fue inmediata: más orden, menos presión y un trabajo mucho más organizado. Los vecinos lo notaron al instante: llamadas atendidas siempre, trato constante, y una sensación de profesionalidad que antes dependía de la saturación del momento.

Hoy, Terraminium ya no vive pendiente del teléfono. Vive con control.

La empresa pasó de estar atrapada en interrupciones constantes a tener un sistema que funciona solo, que no duerme y que sostiene al equipo humano, permitiéndoles concentrarse en lo que realmente importa.

Terraminium dejó atrás el caos. Y entró en una nueva forma de trabajar.